Más bloggeros invitados hablando de lo que les apasiona. Mismas indicaciones: lee, comenta, sacúdete la indiferencia.
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Espléndida soledad
Compartimos nuestras soledades. Enemigos de nosotros mismos, tenemos miedo de quedarnos solos, de hablarnos a nosotros mismos, de entendernos, de respondernos. Tenemos miedo de ser nuestra única compañía. De seguir aquellos diálogos internos que nos traducen el lenguaje del mundo exterior. No queremos comprender que, si estamos solos, nos pertenecemos por completo.
Hablamos y con ello creemos que no estamos solos. Creemos que el otro nos comprende. Creemos que pertenecemos a esta humanidad, a este país, a esta gente que habla nuestro idioma. Creemos que lo que decimos será escuchado. Peor, creemos que nuestras imágenes mentales penetrarán al otro, crecerán dentro de su mente, que sus pensamientos surgirán y, oh error, que se parecerán o que comprenderán a los nuestros. Estamos irremediablemente solos. Encerrados dentro del cuerpo, encerrados en ideas, encerrados en paredes. Deliciosamente solos. Preparados para crear mundos infinitos, mundos irrepetibles, mundos imaginarios.
Es un enorme placer la soledad, ese enorme placer de no ser interrumpido, de poder vivir dentro del pensamiento, de crear, de destejer y volver a armar dentro de la mente mundos y vidas. Vidas que sólo pueden existir temporalmente, como pompas de jabón: frágiles y delicadas, imaginarias. Y llaman y la pompa de jabón se rompe, el mundo desaparece y la vida real sigue. Este mundo interior requiere de soledad absoluta. Espléndida soledad, no quiero que me acompañe nadie más que tú.
¿Quién es Carolina Téllez? Amante de las palabras y soñadora tenaz. Convencida de que la oscuridad que nos posee es tan importante como la luz que poseemos. Esposa y madre desubicada. Contradictoria: ama la ciudad pero también el silencio.
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Recordar lo es todo
Despertar a un niño de doce años a las siete de la mañana en un domingo cualquiera con el objetivo de ver un partido del Arsenal, era una horrible pesadilla, sin embargo confieso que yo lo hacía gustoso sabiendo que iba a obtener como premio una exquisita dona de chocolate espolvoreada con cacahuate. Durante mucho tiempo seguí con esa farsa, incluso trate de buscar el interés a mis antojos adolescentes e intenté intercambiar ese trofeo por otros como flanes, tacos de carnitas y demás parafernalia culinaria, pero nada como ese delicioso pan en forma de cero, maquillado con un chocolate de estructura perfecta y repleto de esa crujiente leguminosa.
Crecí y noté que aquello que tomaba como un requisito para llegar a mi tan ansiado premio, se convirtió en una de mis aficiones más grandes a lo largo de mi vida: el fútbol inglés. Durante un tiempo de crisis económica familiar, la televisión de paga desapareció y la tele local detuvo sus escasas transmisiones que tenía de esa liga, mi única fuente de información era el diario local con sus diminutas notas al respecto; ya no había donas, ni mucho menos tenía la opción de escoger algún antojo espontáneo, pero, tenía la fortuna de contar con esa persona que siempre dibujaba su silueta en el sillón con un comentario acertado a cualquier hora del día.
El tiempo pasó y como es su costumbre fue brindándonos la opción de crecer y adoptar caminos diferentes, mi padre encontró una salida precisa a evitar esta costumbre de pensar que vivir es respirar durante 100 años, hizo a un lado cualquier opinión de origen médico y decidió optar por concluir su participación en todas aquellas enseñanzas que iban desde el identificar la formación de nuestro equipo favorito, hasta saber cuando aquella dona estaba falta de cacahuate; no tengo argumentos para decir que no lo extraño, porque seria una mentira, aunque estando a dos días de recordar su partida, aun tengo en mente esa misión que ansío vivir, la cual es: “Ver un partido de nuestro equipo favorito a lado de mi acompañante y volverme su proveedor oficial de golosinas durante la transmisión dominical”
¿Quién es Sergio Infante? Un Ingeniero Industrial con Maestría en Alta Dirección y Publicidad, fanático del orden, el rock y el buen futbol. Escribe aquí y acá también.
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Inclinación desesperada hacia la nieve, a los orígenes en silencio. Apasionamiento inclinado hacia las notas musicales que provienen de un puerto, a sus calles húmedas con su crepitar de paredes con corazones de fado. A las banquetas acuosas y al olor a huellas de mar.
Desesperada pulsación inclinada hacia las historias de amor, aquellas que suceden en faros solitarios o las historias de exilio de cuyo origen se destierra el norte y el arraigo, pero en cuyas oraciones matutinas despierta siempre una nostalgia a otra tierra.
Apasionamiento apasionado a las letras, a los alfabetos, a la raíz y primer nombre de las cosas. A la construcción de las palabras en poemas, a los haikus y su simpleza eterna. Apasionamiento al acto de vivir, de ser creando y destruyendo al mismo tiempo de morir.
Iliana Pichardo es guionista, escritora y nació en la nieve.
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Me apasiona escribir tanto como la música. Tanto, tanto… que confundo la esencia del licuado y no sé distinguir qué es plátano y qué es leche en esta mezcla de debilidades que me fortalecen. Supongo que no debo estructurar nada en la explicación, porque con la mínima explicación y el nimio ajuste, todo se pierde. Dejémoslo así.
La música entró a mis venas en 1988, hace muchos otoños. La recibí, según mi envejecida memoria, en un sábado soleado de Wisconsin, con un comentario aislado de uno de mis primos cuando apenas me instauraba como oyente. Nunca antes había escuchado con atención. Y fue una banda australiana la que llenó mis oídos y me hizo formular mis primeros comentarios melómanos.
De ahí en adelante, ante el temor de colocarme detrás de una batería o siquiera pedírsela a mis padres, empecé a postrar mis añoranzas musicales a través de la escritura. Eso es como mirar porno. Quieres sexo y lo miras, en lugar de tenerlo. Te conformas con masturbar la parte más frustrada de ti. En mi caso, masturbaba mis oídos a través de la escritura. Vaya modo de existir.
Lo peor… es que hoy esta clase de masturbación me sigue “complaciendo” en un modo muy particular. Sigo componiendo con letras. Las notas, como las mujeres, siempre me dieron miedo.
Aunque me encantan.
¿Quién es Inphidelio? Léelo.
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Para atrapar la pasión
Yo creía que mi pasión era escribir. Pero ahora que lo pienso, caigo en cuenta de que esa es quizás mi vocación, mi tendencia natural y algo que disfruto como pocas otras cosas, pero a lo que justamente le ha faltado pasión. Escribo, blogueo, redacto, construyo metáforas y poesía todo el tiempo, gustosa y compulsivamente. Pero no concreto los proyectos que me planteo. Tengo muchos blogs que todavía no hago públicos porque son proyectos increíbles que no termino de aterrizar; hace tres años que trato de escribir una novela que no logra tomar forma; tengo suficiente material para publicar un libro de poesía, y ahí está, esperándome. Y hasta hoy que me siento a escribir sobre esto lo descifro. Les ha faltado pasión a todos esos proyectos.
Y me vienen a la mente otras cosas con las que me pasaba igual y finalmente logré concretar. Toda la vida quise hacer ejercicio. Alguno, el que fuera…. Pero siempre me mantuve en un apático sedentarismo del que no me sentía orgullosa. Hasta que conocí a un guerrero de la vida, sobreviviente y ultramaratonista consumado, Luis Guerrero, quien me dio un consejo que parece inocente pero que cambió el rumbo de mi ritmo cardiaco (¡y no es metáfora!) “No lo planees, no esperes nada, sólo sal a caminar HOY veinte minutos. En menos de lo que esperas, estarás corriendo.” Por alguna causa sus palabras resonaron en mi mente el resto del día, y cuando anocheció no pude contenerme más y salí a caminar. Tres meses después corrí mi primera carrera de 5 Kms, absolutamente sorprendida conmigo misma. Luis le inyectó a mi anhelo uno de los principales ingredientes de la pasión: la impaciencia. La pasión no espera, la pasión no se detiene, la pasión es arrolladora y compulsiva, se desborda a sí misma, y nos arrebata la voluntad. Por eso era importante hacerlo HOY, todos los días, HOY.
Es difícil elegir una sola cosa como nuestra pasión. Y lo es porque la vida entera es apasionante. Si no encuentro pasión para mi libro, para mi novela, para las cosas que anhelo, quizá no encontraré pasión para vivir. Lo bueno es que la pasión, como todo lo demás, es un proceso vivo, en movimiento. A veces es más, a veces es menos. Lo que quiere decir que cada día la podemos encontrar o reencontrar a voluntad. En este momento cierro la puerta a la apatía, para que no se me escape el arrebato. ¡Voy por mi novela! Cuéntame en qué encuentras hoy pasión.
Lilyán de la Vega es bloguera compulsiva y poeta arrebatada. Visitala en: www.depielysuspiros.blogspot.com y en www.loscuarentaysusalrededores.blogspot.com
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Ver deportes es una pasión difícil de sostener en estos tiempos. Antes las opciones eran el partido por la TV o ir al estadio. Hoy, con todos los caminos que hay para llegar a un evento deportivo, el panorama de hace 20 años luce miserable. Y digo que es difícil, y no fácil como parecería contradecirme, porque imagínate operar socialmente cuando un partido está en la TV (por diversos canales), por la radio, en seguimiento minuto a minuto por la web (y por diversos medios que levantan la mano para contártelo), en tu móvil, en tu timeline de Twitter o por SMS. O algunos al mismo tiempo. O todos, al mismo tiempo. Y si decides no seguirlo porque estás en una boda o un bautizo, de nada sirve porque todos los demás lo están haciendo y quedas como el invertebrado social que no aprovecha los medios.
Hoy ver deportes es tan fácil como encontrar arena en Acapulco. Ver deportes es mi gran pasión porque de eso vivo y de eso me divierto. De eso me emborracho y de eso me enajeno. Busco los modos de integrar a los demás a mi pasión, porque el camino al revés es imposible. No hay cómo desintegrarme de los deportes. El proceso psicológico está más que tejido y es porque te proyectas en casi todos los casos. ¿Cómo sería meter un gol en el Azteca? ¿Qué se sentirá fallar un penal en un Mundial? ¿Qué te provocaría estar rodeado de 100 mil personas en vivo y otros millones más en remoto, soltando energía para que logres (o no) tu objetivo? Tú no lo sabes, pero puedes ver a alguien que sí.
Adhiere a lo anterior la convivencia social, la rivalidades familiares y las apuestas sin sentido. Tienes en la mesa un delicioso licuado de emociones listo para consumir. Mi pasión está a dos centímetros de la adicción. No quisiera que alguien me dijera algún día “yo o ver deportes”, porque se subiría al ring con la pelea perdida. Aquí sí aplica: si no puedes con el enemigo, únetele. ¡Que crezcan las tropas!
¿Quién es Chanfle II? Periodista deportivo y bloggero.


